
Nuevo fenómeno laboral en la Argentina
Con asombro, pero conocedor de la problemática laboral en la Argentina desde hace 50 años, advierto nuevamente que los hechos superan la inacción de nuestros dirigentes y las necesidades de trabajo cierran esta nueva modalidad de trabajo, con jóvenes de alrededor de 20 años, en su gran mayoría hombres, que utilizando su fuerza, su joven edad, su enorme necesidad de trabajo, con gran capacidad intelectual que en esto claramente no utilizarán, recorren la ciudad con bicicletas propias, residencia precaria, un canasto sobre sus espaldas y un uniforme llamativo, haciendo entregas y uniendo un producto por un lado con un cliente domiciliario que espera la mercancía por el otro, a cambio de una muy pequeña retribución, organizando su tarea una máquina que, sin control estatal, sin seguro, sin aportes jubilatorios y cubriendo espacios enormes en tiempo récord, a cambio de una pequeña compensación que se le deposita en una cuenta bancaria, sin que se interactúe con empresa o persona física alguna.
Estos nuevos emprendedores-empresarios son en realidad y en su mayoría personas que han llegado al país en busca de oportunidades que hoy no hay ni siquiera para los argentinos, y que con una bicicleta propia, con tracción a sangre, sin ningún resguardo médico, previsional y por supuesto con un estado ausente, mirando el partido desde afuera, buscan sobrevivir en un país que brilló por sus principios, por su grandeza, por su lugar en el mundo, por su riqueza moral e intelectual, por sus leyes protectorias de los trabajadores y que cuidaba al empresario real, que invertía y arriesgaba capital de trabajo, contando con leyes laborales absolutamente a la vanguardia del mundo, que requieren solamente ser aplicadas y avaladas por un poder judicial que supo ser grande y estar entre los mejores y que hoy está en el ocaso y sin rumbo.
Venezolanos, bolivianos, peruanos, colombianos, paraguayos y algún argentino son las nacionalidades de quienes apostaron en sus respectivos países a ser médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, contadores para tener más oportunidades de trabajo, y hoy se ven obligados a aceptar ser BICIMENSAJEROS por cuenta propia. En nuestro país, que ya tiene tantas cuentas pendientes con sus trabajadores que ya ni recuerda cuáles, siendo la social la más antigua, la más pesada, la más dolorosa y que nos enluta como sociedad, por no dar respuesta adecuada a las necesidades de tener un trabajo digno como dice nuestra Constitución Nacional.
Hoy, una aplicación que tiene su sede posiblemente en la zona central del Caribe, pero que seguro no se encuentra en la Argentina, manejada por nativos del lugar, se apoya en la tecnología para que, a través de un celular propio y un poco de propaganda, utilice la oferta de hacer entregas en domicilios particulares o lugares físicos predeterminados, a cambio de un costo que se paga con tarjeta de crédito, y sin ninguna responsabilidad laboral o previsional ni siquiera judicial, manejando un enorme negocio con ganancias siderales, sin capital de riesgo, sin hacer ningún tipo de aporte jubilatorio y social, y encima pide que el cuasi empresario les facture lo que cobra y arriesgar la vida en una ciudad que no respeta reglas de tránsito, que todos están apurados, y que la idea central es que sin arriesgar nada se utilice y explote al trabajador y se burle a empresarios y pymes que hoy luchan por sobrevivir en un esquema difícil, lleno de dificultades y con alto costo social más el mencionado Estado ausente…
Como laboralista que soy, busqué la figura laboral en la cual encuadrar esta situación contractual y confieso que no la encontré.
Aquí, lo que sí sabemos
No hay empresa: entendiendo la misma como organización instrumental de medios personales, materiales e inmateriales, ordenados bajo una dirección para el logro de fines económicos.
No hay trabajo: no hay actividad lícita que se preste a favor de quien tiene la facultad de dirigirla mediante una remuneración.
No hay establecimiento: no existe unidad técnica o de ejecución destinada al logro de los fines de la empresa, a través de una o más explotaciones.
Los principios protectorios, la norma más favorable, la condición más beneficiosa, la continuidad laboral, la primacía de la realidad, suenan prehistóricos frente a esta nueva forma de relacionar el capital con el trabajo, tal vez una nueva y ágil modalidad contractual si se me permite el término.
Mi imaginación vuela un poco más y auguro que en el intento por introducir en la próxima reforma laboral “El trabajador autónomo”, ha quedado ampliamente superado por esta figura que vincula a una plataforma digital con un empresario (bicimensajero), con nuevos horizontes donde utilizar esta herramienta —como ser utilizado para fábricas, depósitos, comercios en general, automotrices—, y en definitiva, proyectar un negocio fuera de los dominios de la Argentina y que no necesitará siquiera más que una plataforma con tecnología o similar para dar y recibir todo, incluso la salida del emprendimiento… El futuro nos inspira, el pasado es eso, pasado.
Nuestro mayor compromiso: decir la verdad y apostar al conocimiento.