
Daniel Enrique Butlow — Hasta siempre, hermano querido
Daniel Enrique Butlow, mi hermano, reconocido abogado, especialista en temas de arquitectura legal y gran conocedor del derecho, falleció el 28 de abril pasado.
Compartí con él todo: niñez, adolescencia, los amigos, la familia, los asados, los cumpleaños, las vacaciones, su infinito amor por el derecho, su amor por la lectura, y fue sin duda alguna mi gran maestro; desde muy joven me enseñó la diferencia entre ser abogado y tener diploma, me mostró un camino diferente para llegar a entender y comprender realmente el derecho, estudiando juntos, discutiendo posiciones, armando estrategias jurídicas para envidia de muchos profesionales del derecho.
Con mucho carácter y gran claridad de ideas, estudiando en profundidad temas de distinta índole y convencido de que en la vida hay que apostar fuerte y superar los límites, fue sin duda el mejor.
No tenía buen carácter en forma natural, pero era escuchado por muchos que sabían que, detrás de ese espíritu indomable y siempre al límite, había alguien bondadoso, creativo al máximo, trabajador como pocos, que me supo cautivar con sus conferencias, artículos y muestras de afecto que nunca voy a olvidar y que guardaré en mi corazón para siempre.
Fue el mejor de su clase; el más estudioso, el que más se esforzó por superarse día tras día y que logró juntar un grupo de incondicionales que lo apoyaron y a quienes brindó todo su afecto, su respeto y sus conocimientos para ser mejores personas, mejores profesionales y mejores en la vida.
Compartí momentos muy duros de su vida y llegamos a ser una dupla muy divertida y que perduró en el tiempo. Soy mejor abogado gracias a él; lo apoyé en todo y contra todos y me gané en el camino amigos incondicionales y enemigos de gran envergadura que no podían soportar su inteligencia, su carácter, sus ganas de superar los límites y de decir, incluso en forma incorrecta, lo que pensaba con la seriedad de los que piensan sin miedos y saben que todos pasamos y queda lo hecho.
Armó y desarmó situaciones a su antojo, publicó libros que hoy son reconocidos mundialmente, transmitió a su gente estrategias de conflictos y recetas jurídicas que mágicamente hoy seguramente serán empleadas por quienes lo siguieron de cerca y sabían de su talento y su magia.
Tuve la suerte de poder acompañarlo en las giras profesionales por todo el interior de nuestro país durante los últimos 10 años en los colegios y foros de arquitectos, ingenieros y maestros mayores, luciendo sus conocimientos sobre la arquitectura legal, dando realmente cátedra a fans y enemigos, haciendo gala de su buena madera, sus ganas de sobresalir y de dar el máximo esfuerzo por compartir sus verdades, siendo respetado y celebrado por muchos profesionales que entendían su conocimiento, su valentía y su enfrentamiento con los mediocres.
Estoy seguro de que con su fallecimiento no sólo perdí a un queridísimo hermano, un amigo, un referente, un consultor, un creativo; sino que también perdí a alguien que ayudé desde mi corazón a transitar su agitada vida, que me ayudó a su vez incansablemente, en todos los ámbitos de mi vida y a quien recordaré por siempre como un verdadero compañero de ruta.
Sé que ya no estás físicamente, hermano querido; trataré de hacer honor a nuestro apellido, vinculado desde hace muchos años al derecho, sabiendo que es harto difícil seguir sin tus consejos, tus ayudas, tu compromiso, que siempre me alentó para hacer un poco más y mejor.
Cierro con una frase tuya:
Perdón a todos, bajé unas paradas antes y me olvidé de avisar.
Querido hermano: gracias por compartir tu vida conmigo.