Ricardo Butlow — Law Firm
Misión casi imposible — práctica del derecho laboral en Argentina
Civil & Commercial

Misión (casi) imposible

Los que ejercemos de verdad la abogacía, a la hora de llevar adelante nuestra especialidad en el derecho laboral, no podemos perder de vista estos 2 índices oficiales que limitan, suprimen, bajan la guardia y dan cuenta concreta de la real gravedad que enfrentamos en el día a día; la titánica tarea de asesorar a empresas, profesionales y personas particulares, sobre las distintas variables y soluciones legales al momento de entrar o salir de una relación de trabajo, hacen nacer derechos o generar obligaciones al momento de su finalización.

Siendo jefe a cargo del departamento laboral del estudio, me siento obligado a marcar premisas y pautas de trabajo que guíen nuestra actividad diaria, asesorando y buscando soluciones a una situación social y trabajo de máxima tensión entre las partes involucradas en el marco de un contrato de trabajo y que debe encontrar un norte.

El último trimestre del año 2020 fue, laboralmente hablando, una guerra.

Llovieron sobre el Ministerio de Trabajo (SECLO) miles de acuerdos con el objeto de que los mismos se homologuen y tengan la fuerza de una sentencia administrativa y documento hábil para ambas partes.

La cruzada tenía como actores necesarios a los conciliadores laborales que buceaban alternativas de acuerdos que posibilitaran su homologación, teniendo que luchar contra una importante y confusa suma de decretos que, en concreto, impedían el despido de un trabajador y sancionaban aun en casos extremos, a los empleadores que intentaban encontrar salidas honorables de su gente de trabajo.

Usaban su espada on-line para viabilizar acuerdos, adecuar convenios, cambiar reglas, entender y traducir qué quería o pretendía el Ministerio para dar fuerza a un acuerdo, en muchos casos sin tener ningún precedente que avale los cambios propuestos.

Por el otro lado, nosotros, los abogados laboralistas, intentando cumplir con formatos que buscaban negar la realidad de los cierres de empresas y el caos económico que produjo el COVID y sosteniendo a muchos en esta pelea desigual de todos contra todos.

En el curso del mes de enero 2021 —digamos ayer— pude extraer alguna conclusión que presento a mis lectores y seguidores, con el ánimo de al menos avisar que el conjunto de normas, decretos y resoluciones que se mezclan y contradicen hace a la tarea de conciliar y acordar simplemente una misión (casi) imposible.

  1. Los decretos de necesidad y urgencia que prohíben hasta finales del corriente año 2021 el despido sin causa continuarán su vigencia tal vez por más tiempo y con el objeto de desanimar a quien pretende despedir y pagar una relación laboral que, incluso por cierre del establecimiento o quiebra, está prohibido; con el agravante de deber pagar doble indemnización. Tengo la absoluta certeza de que este decreto no aporta más que confusión y aprovechamiento ilegítimo por parte de quienes ven en esta herramienta política una ventaja para saquear al otro o, en su caso, para cerrar fuentes de trabajo legítimas y dignas.
  2. Para quienes pregonan la necesidad imperiosa de reformar el sistema laboral en su conjunto proponiendo flexibilización de los contratos, libertad sindical, supresión de las indemnizaciones, menor presión impositiva, creación de un fondo de desempleo, etc., la solución estaría en la figura del TRABAJADOR AUTÓNOMO, que se aplica en la legislación laboral de Brasil, siendo una figurita muy copiada en nuestro sistema a través del MONOTRIBUTO y los CONTRATOS DE SERVICIOS, escondiendo la realidad del trabajo en relación de dependencia.

Mi reflexión final es esta:

En el corto y mediano plazo, con esta realidad actual, no es posible reformular todo el sistema laboral en su conjunto. La política tiene sus tiempos y motivos a favor y en contra, que imposibilitan un acuerdo de base como el que se necesita para cambiar el paradigma. Las partes involucradas (empresas, empleados y estado en conjunto) deberían cumplir con la normativa laboral, previsional y fiscal, siendo más que suficiente para encauzar nuevamente la cultura del trabajo y el esfuerzo compartido; situaciones ambas que lamentablemente no van de la mano y hacen muy difícil pronosticar una salida rápida y efectiva de la actualidad que nos atrapa y nos duele.